Iraila entró, colgando la fina chaqueta que había sacado en el perchero del hall.

- ¿Tu no sales?- curioseó la joven. Él se encogió de hombros.

- Sabía que tendrías que volver y sabía que no encontrarías a nadie en casa, así que preferí quedarme y que no tuvieras que esperar en la calle- contestó, encaminándose a la cocina.- ¿Quieres un café?

- Vale.

- Te queda muy bien ese corte de pelo… estás aun más guapa- dijo.

- Gracias- musitó ella, recordando las palabras de precaución que aquella tarde había pronunciado su amiga.


La joven siguió los pasos de Lorenzo. La cocina era grande y tenía en el centro un fogón multiusos, donde habían colocado taburetes alrededor. Iraila se sentó en uno de ellos, posando el bolso sobre la improvisada mesa.

- ¿Solo? ¿Azúcar?- preguntó, sacando unos vasos.

- Solo y sin azúcar- contestó, escuetamente. Él rió de nuevo y la miró, mientras calentaba la bebida.

- No pareces de ese tipo de personas a quien disgusta un dulce- comentó, con ironía.

- Ah, ¿pues qué tipo de personas toman el café solo y sin azúcar?- preguntó ella, en tono resentido.

Vertió el líquido en los vasos. Vio cómo él añadía en su café un hilo de leche y azúcar. Se volvió y los posó sobre el fogón. Acercó el taburete más próximo a ella y se sentó.

- Bueno, eres joven, seguro que aun no tendrías que tomarte un buen café como si fuera un castigo amargo.

- Me gusta el café amargo… además, tengo intolerancia a la lactosa- dijo, altivamente.- No podría tomarlo con leche ni aunque quisiera.

- ¿Ni un poquito de azúcar para endulzar?

- El mejor azúcar es el que te da la propia vida.


Dio un trago al café, que calentó su garganta. Observó cómo la miraba, ladeando la cabeza, esbozando una sonrisa apetecible. Era un chico guapo, no cabía duda. Tampoco dudaba lo que la había dicho Maya horas antes. Tenía el pelo del color del heno y unos grandes ojos marrones. Lorenzo posó la taza junto a la suya, rozando la mano. Iraila sintió cómo si una fuerza magnética la impulsara hacia él. Tuvo que contenerse. Recordó sus sueños y notó que ese extraño impulso era el mismo. Quizás el chico de sus sueños también era él…


Maya irrumpió en la cocina y todo sentimiento pareció desvanecerse. Miró con desacuerdo la actitud de Loren y con compasión la de su amiga.

2 comentarios:

Carlos dijo...

El café puede estará solo, pero el relato tiene de todo :)
Con apenas dos palabras llenas una escena en donde el silencio es interrumpido cuando mas podía escucharse.

Un abrazo

Maat dijo...

Está mal decirlo, lo sé, pero la respuesta que le da sobre el café me encanta ^^

Acepto el abrazo y te doy otro :)