
Los médicos hablaban entre sí, dirigiéndose a ella con la jerga técnica que no entendía ni en inglés ni en castellano.
La doctora Evans se sentó acuclilló amigablemente frente a ella, casi como si estuviera tratando con una niña pequeña. Eso era algo que no la gustaba de su condición de extranjera, que todavía la hablaban como si no tuviera absolutamente idea de tratar en ese idioma. ¡Por amor de Dios! Llevaba ya diez años en Sidney… Ya sabía perfectamente el idioma… A Julia la entró un sentimiento de indiferencia bastante fuerte. Solo quería cenar y dormir, nada más. Pero la doctora se afanaba en hablarla serenamente, buscando las palabras más sencillas, repitiendo constantemente la coletilla “understand me?”. No es que no la entendiera, su cara de indiferencia era por el mero hecho de que no quería escucharla.
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Fragmento de "La vuelta atrás" (título provisional)