Reflexiones

¿Qué asusta más, la hoja en blanco o la nevera vacía? Hete aquí el dilema con el que me encontré cuando me senté dispuesta a comenzar una nueva historia. Porque era la pescadilla mordiéndose su resbaladiza cola: escribir para presentar a concurso una historia que me diera de comer un mes más. Si no gano nada, no como. Si gano, quizás hasta pueda hacerme una visita a mi casa y así poder ver a mi familia, poder salir con mis amigos. El caso es que la inspiración debió morir hace años, porque ha habido sequía en mis letras desde entonces, sequía de reconocimientos oficiales y muerte de mi imaginación, a la que acudo ahora a la desesperada mientras parecen reprocharme “¿Dónde te has metido tanto tiempo? Ahora no queremos jugar contigo”.
Así que vuelvo a la hoja en blanco, al miedo irracional por rellenar con errores gramaticales aquello que necesito, al terror por estar vendiendo algo que debiera ser un sano entretenimiento, inspiración de otras letras en otros corazones. Ese sentimiento de ser prostituta de la literatura; escribir para agradar, más que al lector, al jurado; que mis personajes sean marionetas en el mercado de ideas, sentimientos y valores de otras personas más que mías.
¿Dónde está el maldito clavo que arde al que pueda agarrarme? Se apagaron los clavos con las primeras lluvias de septiembre, está claro. ¿Claudico al tiempo? ¿Pierdo ya, antes de que otro me obligue a tirar las cartas de esta última mano tan poco agraciada?

Años atrás otros escritores, otros poetas, otras plumas habrían suplicado a Dios para que arreglara su suerte; yo suplico a la gente para que, todos unidos, derroquemos este sistema que nos asfixia hasta matarnos. Porque ya estamos muertos y no hay nada más que perder. 

3-5-13

Y... ¿qué me queda, después de todo?

Media barra de pan duro.
Un libro de hojas en blanco.
La marca amarilla del tabaco entre mis dedos.
Un yogurt descomponiéndose en la nevera.
La pila de facturas mirándome de reojo.
Las musas riéndose desde su limbo de sueños.
Una lata de cerveza goteando en el suelo.
Los sueños alejándose un poco cada día.
La realidad golpeándome.
Las ganas de abandonarlo todo.

13/6/12



No vi a la luna
aquella noche de junio
y me pregunté si seguiría
llorando su causa perdida.

Recorriendo los bares
la vi en destellos fugaces
y creí que estaba buscando su vida
entre los fondos de botellas vacías.
Me armé de valor
para acercarme a hablar con ella.
Y hablamos,
reimos,
lloramos,
hasta que me confesó
que solo estaba haciendo tiempo
hasta que llegara el sol
al que conoció en una noche de eclipse
que la cogió por la espalda a traición...


...y desde entonces no fue la misma
y compartí con ella aquel vestigio de alegría.

Actualización doble, para gustos :)


Hoy tengo el día alegre, a pesar de estar enferma, así que os dejo una actualización doble, con un micro triste y otro alegre. Ustedes los disfruten :)
 

Amor Eterno
Se besaron, acariciaron, desearon... se hicieron uno y se volvieron a besar. Se juraron amor eterno sin saber que, a la eternidad, se la estaba comiendo lentamente un cáncer silencioso.

Cuento Breve
Hubo una vez, en un país extraño en un mundo sin sentido, una joven pareja que, se quería tanto, que olvidó todo lo demás.

21/3/12


Llévate, primavera, los restos fríos
del este invierno tardío.

Los días, poco a poco,
se alargan como sombras de luz
que iluminan las calles.

Recuerdo ansioso de los campos 
de tulipanes florecidos
que no llegué a ver entre los canales
-de agua esos caminos
que parece que nunca acaban-

Olor de la hierba mojada
por las lluvias de primavera.

Olor de salitre fundido
con la brisa frente a Piquío.

 Llévate, primavera, los restos fríos
del este invierno tardío
y déjame solo los besos
del cambio de las estaciones
para que me cuiden en este desorden
que tengo de pasiones.

Pasillos


Ella caminaba tirando de su maleta por el pasillo del metro. 
Él caminaba con el maletín cargado de trabajo.
Ella con una maleta vacía esperando llenarla de ilusiones y vida.
Él con un maletín lleno de cargas y pesares que le consumían.

Miradas perdidas en el mismo punto de agonía. Un traspiés, un empujón, un (al unísono) "perdón". 

Rieron al tiempo llenando el eco del pasillo y los vacíos de la maleta y el maletín. 

- Me llamo Jose.
- Yo Sandra.
- Eres de aquí?
- No, no vivo en Madrid. Vivo en muchos lugares: me paso la vida viajando.

El traqueteo del metro en los raíles resonó por encima de las voces de la gente, que corría como siempre corren en aquella ciudad cansada y con prisas.

- Ése es el mío- dijo ella, sin dejar de sonreir.
- Volverás a Madrid?- preguntó él, con un deje esperanzado.
- Nunca estoy del todo y nunca me llego a marchar. Si tenemos que volver a encontrarnos, seguro que pasará.

Echó a correr por uno de los pasillos y él, con paso cauteloso, tomó la bifurcación hacia otro andén.

...
...
...

____________
A veces saltan imágenes cuando te vas de viaje. Todas ellas pueden ser buenas para hacer una historia. Aunque sea un cuento triste como éste. Y aunque (con la manía de subirlo sin corregirlo) sea tan malo. Pero he tenido la necesidad de escribirlo.

19/12/11

 
 
 
Me congelo sin nieve
en este invierno sin luz
de recuerdos maltrechos,
de calles llenas de nada
y camas vacías de tí.

Los recuerdos que duelen casi más que las palabras,
que se mezclan en el abismo de las cosas perdidas,
gritan al oído
gimen lloros
hasta dejarme en un sinsentido
de convulsiones calladas
y sentimientos derramados
como la sangre se pierde de la herida
que no ha curado.

-...y te desangras lentamente...-


6/11/11


Un día tras otro pasa, 
encadenado a la melodía de la lluvia tardía
del otoño que todavía frustrado
araña el calor del verano con sus uñas de viento.

¿Dónde se ha escondido la luna?
Hace meses que no la veo brillar
se escondió entre las nubes 
y parece que ahora solo sabe llorar
mojando tejados, pelos, pieles y asfalto.

Se arranca la piel
se come sus propias entrañas
paladea cada latido del corazón
cada gota de sangre
cada lágrima salada 

Se araña
se deja los dedos en carne viva
y escribe con pulso tembloroso en el suelo negro
que para qué tener sentimientos
si le devoran el alma como el fuego
hasta que su corazón se quede carbonizado
y, quebradizo, se escurra entre los dedos
mezclándose el polvo oscuro con la sangre
a la intemperie del invierno.

5/10/11


Y se perdieron entre los pasillos
corriendo de la mano,
huyendo de invisibles enemigos;
se escondieron en los baños
riendo cual niños que han roto un plato...
...se miraron a los ojos,
se acercaron los labios,
tiraron al suelo carpetas, apuntes y folios en blanco.
La puerta fue su colchón,
mientras ella aferraba sus caderas con las piernas
respirando agitada y perdida ya en su piel,
mientras él la sostenía en equilibrada armonía
recreándose en el olor de su pelo.

En la facultad algunos rieron el descaro
de tal aventura que, envidiosos, tildaron de parvulario.

3/10/11




Serenamente me siento a observar
cómo a la calidez del otoño
las hojas comienzan a marchitar,
cayendo lánguidas y volubles.

Pasan los días bajo la lluvia
que ensordece la búsqueda de la felicidad
en tus ojos cansados,
absortos en un punto impreciso
de un caminar que no es el mío.

Ya no sé si hace frío o calor
si entre las sábanas no encuentro tu piel,
la caricia de tu mano en mi pelo,
en mis senos, en mis labios;
si no se escucha el sonido quebrado del somier
y, sonrojada, me entra la risa
pensando en quién pudiera escucharnos;
si cuando el sol se empieza a colar
entre las rendijas de la ventana
no noto el sudor perlando nuestra piel...

...Si cuando lloro desesperada
no me quitas las lágrimas.