igual que Alicia sin ciudad.
El valor para marcharse,
el miedo a llegar."*
Sentada a tu lado
como si fuera la luna llena...
sentimos la fricción de la piel,
desnuda,
ribeteada por el pálido reflejo
de las cicatrices del alma.
Estreché con las piernas,
cual garras,
el contorno de tus caderas,
sintiendo en cada movimiento
las descargas eléctricas que me recordaron
que aun sigo viva.
Me dejé llevar por el éxtasis del silencio
roto por gemidos discontinuos y entrecortados,
sintiéndote en cada poro de mi piel,
impregnada de ti en todo mi ser.
Tan solo el momento
-sudor
calor
movimiento-
pudiera parecer arrebato obsceno,
risa de excesos, pero...
Tan solo necesitaba eso:
tus labios acariciando cada milímetro
de esta piel blanca,
borrando para siempre
las cicatrices del alma.
que verdean como un prado [...]
Es loco mi pensamiento
y son locos mis deseos;
es impuro el sentimiento,
impuros mis devaneos..."*
_______________________
* Cea Gutiérrez, I.: Soledades, Santander, 1982
Escucho el latir de las ideas
que arden en la hoguera de los sueños perdidos
junto con los sentimientos.
Gritan
quieren ser oídos entre la multitud
que se agolpa y echa más combustible
a las llamas que chisporrotean y acallan los lamentos...
...pero siguen gritandos los sentimientos
y las ideas tratan de consolarlos..
"Este sufrimiento será temporal... luego solo habrá paz,
al fin"
y al gritar remueven mis entrañas
y yo azuzo el fuego,
espectadora impasible de la quema de mis sentimientos
Se sentó en el escritorio y abrió el bloc. Puso a la pluma una carga de tinta negra y comenzó a deslizarla sin rumbo fijo sobre una hoja en blanco. Puso la mente en blanco, mientras movía la pluma levemente, trazando líneas que giraban sobre sí mismas. Notó como si el cansancio se apoderada irremediablemente de ella y luchó por mantener los ojos abiertos al sopor de aquel día que se cobraba su largo viaje. Crujieron los muelles de la cama e Iraila sintió como una especie de viento frío en la nuca. Miró la ventana, abierta. Frunció el ceño, recordando que debía estar cerrada. Otro crujido de la cama la alertó y, arqueando una ceja, con una sonrisa irónica, giró la cabeza hasta la cama, esperando encontrarse a Lorenzo… Pero ahí no estaba él. Creyó que se la paraba el corazón. Ahí estaba él, sentado sobre su cama con una altanería condescendiente en la forma en que cruzaba piernas y brazos. Vestía de negro, pantalones vaqueros y una camisa de corte informal. Por mucho que mirara a su cara, no conseguía ver nada.
- ¿Quién eres?- preguntó, con un nudo en la garganta. Él se inclinó hacia delante, posando una mano grande en su mejilla. Sintió su calor y una fuerza como la que había sentido minutos atrás con Lorenzo, que emanaba del contacto. No podía ser un sueño, tenía que ser real a la fuerza pero… ¿por qué aun no podía ver su cara? Estiró los dedos para tocar aquel rostro esquivo.
- Un reto para ti, una aventura para mi- respondió, calmado, mientras volvía a apoyar la espalda contra la pared, evitando el contacto de ella.
- ¿Qué...?


